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LA MORAL DE HOY

Hasta el 1776, hasta el 1789, la moral del estado era idéntica a la moral de la Iglesia; pero a partir de entonces los hombres libres que vivían en Occidente tuvieron que preguntarse qué es la Moral. “Moral” puede entenderse como el conjunto de mandatos o reglas en los cuales hallan expresión los ideales respecto a la conducta, característicos de una época, pueblo o clase social o colectividad. Pero esa es una definición esencial que no resuelve lo básico: ¿cuándo una acción es moral? Hubo y hay tantas versiones de lo que es la moral como intereses existen.

Emmanuel Kant trató de resolver la pregunta con la su Ética Formal, que se expresó en el Imperativo Categórico, que desconoció el hecho de que la Ética no es una ciencia práctica que da preceptos, sino una ciencia que investiga la esencia de lo moral. Mas allá del pensamiento kantiano están las éticas materiales, las éticas de bienes, que van desde la moral hedonista, o la eudemonista o la salvacionista, hasta aquella que parece regirnos en esta parte del mundo y de la historia: el pragmatismo utilitarista. Ese pragmatismo, que viene de Francis Bacon y de Hume y que arraiga con Hutcheson y Butler y en especial con Dewey, tiene como rasgo común la creencia de que la norma para las acciones es procurar el mayor bienestar posible al mayor número posible.

Esta moral pragmática considera que el mundo debe estar regido por la utilidad, y cree seriamente que la paz debe llevarse a todos los pueblos de la Tierra a través de la unión económica, a través de la vida práctica. Lástima que esa paz que proclaman los pragmáticos es peor que la muerte, porque le roba la cultura al alma y, sobre todo, porque antepone la máquina que genera riqueza por sobre el ser humano y su entorno. Aquella libertad para creer, para elegir, para saber, para investigar que se ganaron a sangre y fuego los viejos liberales ingenuos del Siglo XVIII se nos convirtió en depredación y hambre, en multitudes que recorren los páramos sin esperanza ni siquiera del día de mañana, en famélicos fantasmas de ciudad que escapan momentáneamente de las favelas y las ciudades perdidas en el insomnio infernal de las drogas baratas, mientras en las oficinas corporativas zumban sin reposo las computadoras que indican que mil niños mas murieron de hambre y las acciones de la compañía ganaron dos puntos mas. De eso está hecha la moral utilitaria de hoy.

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