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LA MORAL DE HOY

LA MORAL DE HOY

Por Sergio Romano.

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Hasta el 1776, hasta el 1789, la moral del estado era idéntica a la moral de la Iglesia; pero a partir de entonces los hombres libres que vivían en Occidente tuvieron que preguntarse qué es la Moral.

“Moral” puede entenderse como el conjunto de mandatos o reglas en los cuales hallan expresión los ideales respecto a la conducta, característicos de una época, pueblo o clase social o colectividad. Pero esa es una definición esencial que no resuelve lo básico: ¿cuándo una acción es moral?

Hubo y hay tantas versiones de lo que es la moral como intereses existen. Emmanuel Kant trató de resolver la pregunta con la su Ética Formal, que se expresó en el Imperativo Categórico

**En la obra Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres (1785) Kant expone diversas formulaciones del imperativo categórico: Obra de tal forma que tu norma de acción se convierta en ley universal.

*Más allá del pensamiento kantiano están las éticas materiales, las éticas de bienes, que van desde la moral hedonista, o la eudemonista o la salvacionista, hasta aquella que parece regirnos en esta parte del mundo y de la historia: el pragmatismo utilitarista.

**Al perder la Iglesia católica el poder coercitivo que le daban sus aliados los reyes, el mundo se lanza a nuevos horizontes ideológicos, en los que el libre examen de la ciencia, la irrupción de pensamientos antireligiosos y la visión crítica del mundo pusieron en riesgo la vieja autoridad moral que el clero detentaba.

A lo mejor tanta Libertad (sin Igualdad y sin Fraternidad) nos está matando el alma

*Dice Alvin Toffler en “El Shock del Futuro”: “la  terrible verdad por lo que respecta a la tecnología es que nadie es responsable. Puede que la tecnología no nos esté controlando la vida, pero ciertamente nadie puede controlar la tecnología”.

Pronto habremos clonado a Dios, que será apenas un site de Internet.

*En este mundo de narcisistas que hemos creado, con la idea falaz y mercantil de que lo mejor del mundo es la juventud y déjalos que hagan lo que quieran porque son jóvenes o niños, los hemos vuelto epígonos una sociedad egoísta en la que la única medida soy yo y mis intereses, sin que nada más importe. Narciso viéndose sin cesar en el estanque, fascinado por su propia belleza (o importancia, o sabiduría, o fuerza, o lo que sea), y nosotros alentándolos (y alimentándonos) sin cesar a través de glorificar la barbarie, de alentar el vandalismo sin sentido (vengo de una era en que el ideal, el paradigma eras James Dean, “rebelde sin causa”), de provocar un individualismo que lleva al onanismo moral.

La religión no ha logrado que tengamos conciencia de los otros, y el apotegma “a los demás como a mi mismo” tiene el mismo valor de las palabras pronunciadas y no hechas acción: ninguno. Las palabras no son nada sin hechos que las sustenten. Decimos las cosas con la esperanza mágica de que el mero decirlas baste para salvarnos del infierno y llevarnos al reino de Dios.

No asumimos nuestro compromiso con los otros, nuestra responsabilidad hacia el resto, hacia la ajenidad y vamos por ahí como mandriles que hablan de Dios mientras se comen los plátanos.

**** Mi tía Margarita, media hermana de mamá, era señorita por profesión y ultracatólica por convicción y se empeñó en secreto en que aceptara y adoptara el Ripalda y el Catecismo como prólogos del Evangelio.

Mi tía me insistía en que la esencia de su fe era “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”,

*La crisis espiritual que todos padecemos parece provenir del hecho que el orden social está determinado por su tecnología, de tal suerte que la sociedad ya no está controlada por los hombres sino por los aparatos. Estamos enfermos de ajenidad y de cosificación. Los hombres ya no aman mujeres de carne y hueso, sino que sacian sus hambres con fantasmales siluetas en la TV o en una revista, en una acción masturbatoria universal que nos convierte un poco en habitantes del drama de aquél que gusta de la pornografía: siempre es espectador y jamás actor. Y la vida soñada y no actuada carece de sentido.

De ahí en adelante vienen todas las posibles variantes de  esta angustia generacional.

Es un hecho que gran parte de los católicos de México fornica, se embriaga, defrauda al fisco, trafica, abusa, viola, se droga, y sin embargo sigue diciéndose católica. Inclusive los asesinos reciben bendiciones:  basta recordar a los Arellano y Prigione.

La fe ha entrado en una fase ritual y de limpieza psicológica, pero carece de los valores esenciales que el propio cristianismo implica. “Amaos los unos a los otros”, la esencia del amor fraterno de Cristo, parece haberse convertido en “Robaos los unos a los otros”, y el Decálogo y a mas bien parece una Agenda Ejecutiva.

 

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