ORACION POR LOS PERROS
10 abril, 2016
IMPERIALISTAS
11 abril, 2016
Ver todo

RESURRECCION

A mi tío Pepe, hermano menor de mi madre, le entró joven la fiebre aventurera, así que los años 30´s lo sorprendieron por el rumbo de Cuernavaca dedicado al noble arte de contrabandear alcohol.
Resulta que entonces como ahora, el alcohol sólo podía elaborarse y venderse a través de compañías muy vigiladas por la autoridad sanitaria, pero, como siempre, había quienes preferían comprarlo clandestinamente para hacer bebidas embriagantes adulteradas. Mi tío compraba sigilosamente alcohol de caña en alguno de los muchos ingenios azucareros para luego, en camiones arreglados cargados de barriles y por brechas apenas conocidas por él y sus compinches, evadir las volantas de la policía fiscal que vigilaban los accesos en las garitas del DF, entre tiros, carreras y mucha adrenalina joven.
Era de esas vidas con color Malcom Lowry, hechas de noches completas y de canciones broncas. Una tarde en Jojutla, mi tío gastaba el dinero rudo ganado en el matuteo con una morena que olía a trópico recién anochecido, entre alcohol duro y música de una orquesta de pueblo que sonaba horrible pero gustaba a todos.
Era tarde de baile de los zafreros del azúcar y como todo baile de gente con mucho sol en la sangre, si no había muerto no había diversión, así que hubo muerto: dos jóvenes riñeron por algún baladí y se fueron a la noche a curar su hombría a machetazos. La música no cesó y se mezcló con el ruido mortal de los machetes que ese día cortaron carne y no caña, y pronto uno de los dos estaba muerto. Mi tío vio el cadáver, tasajeado, mutilado, ya exánime y hasta vio como las mujeres del muerto se lo llevaron a velar.
Meses después regresó a Jojutla y me contaba que al subir una cuesta, a la mitad de la calle, pálido y rengo, lleno de vendas como una momia ¡VENÍA EL MUERTO!. Mi tío Pepe dio la media vuelta a su camioncito y no paró hasta Cuernavaca.
Luego sabría que la prodigiosa resurrección fue obra de las mujeres del muerto, que lo llevaron donde la hierbera, quien le untó, le embarró y le hizo todo lo necesario, y aquel hombre, que obviamente no estaba muerto sino sólo en estado casi catalépitco, sobrevivió a sus brutales heridas.
¿Por qué esta historia real de mi tío Pepe me hace pensar en el PRI de Peña?

Comments are closed.