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10 febrero, 2016
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SARCASMO INDIGNADO

En pleno indignado sarcasmo durante mi programa de radio dije que estaba feliz de habitar en este nuevo país y este nuevo estado y esta nueva ciudad donde la libertad campea y en donde la barbarie es la regla, en donde es legal hablar por celular mientras manejas, donde las luces ámbar del semáforo significan ACELERA y el rojo es ACELERA MAS Y DIOS NOS AGARRE CONFESADOS, y en donde se pueden matar perros ajenos sin que pase nada y en donde la Impunidad es la madre de todos los dones y las bondades de la vida, no importa quien seas o donde trabajes.

Nos alegramos de la caída de Korenfeld por abusivo pero no nos preocupa ser de esas personas que evaden el fisco como todos, roban al cliente que pueden como todos, se pasan los semáforos en rojo como todos, prevarican como todos, son adúlteros como todos y se brincan a la torera siete que ocho preceptos del Decálogo todos los días, como todos, sin el menor retortijón de conciencia. Pero en eso me acordé de mi esposa Lourdes Noguez y una reciente charla cuando, precisamente, vimos a una jovencita popilla pasarse impunemente el alto mientras hablaba por celular y su hijita muy pequeña iba PARADA junto a ella, y le comenté una vez más que eso no pasaba en Tucson, donde todos somos generosos, respetuosos de la ley, ordenados y disciplinados, y mi Lulú me dijo lo que todos argüimos al respecto: “es que haya si sabemos que nos van a multar”.

Peeeeeero, pero le repliqué: en los 29 años que tengo de ir a Tucson casi nunca he visto una patrulla o un policía y sin embargo acatamos la Ley. Y le dije eso a mi compañera Soledad Durazo y tras un lapso de reflexión acabó por estar de acuerdo conmigo. Entonces la conclusión es obvia: el problema de México es que está lleno de mexicanos y mexicanas. Alguna vez hablé de algo parecido con mi amigo David Figueroa y lancé la hipótesis de que era algo en los genes nacionales, en lo que Karl Jung llamaba “el inconsciente colectivo”. “No”, me dijo el ex alcalde de Agua Prieta: “es el entorno, es la influencia del medio ambiente” y me precisó que según su cuando los ya las mexicanas emigran a Estados Unidos en muy poco tiempo se adaptan al medio y son ciudadanos honorables y ordenados.

Y quizás por eso somos bien portados en Tucson aunque no haya policías. Entonces tenemos que cambiar nuestro entorno más allá del quehacer político, nosotros la gente, aunque resulta difícil. Por ejemplo: de acuerdo con el estudio “Los Docentes en México” presentado hoy por el Instituto para la Evaluación de la Educación (INEE), los profesores en el país no cuentan con la preparación necesaria para dar clases y quienes egresan de las normales y han participado en los Concursos de Oposición no cuentan con la puntuación necesaria para tener una plaza. Además, tres de cada cinco que estudian para ser profesores, es decir 78 mil jóvenes, provienen de familias cuyos ingresos económicos están por debajo de la línea de bienestar mínimo definida por el CONEVAL porque vienen de sistemas educativos más deficientes, probablemente de una escuela indígena o de una escuela rural pequeña o de un curso comunitario, de una telesecundaria, de un telebachillerato; entonces, tienen mayores dificultades para el éxito académico dentro de las normales”, precisó Sylvia Schmelkes, presidenta del instituto Es decir, pobres enseñando el Evangelio de la Resignada Pobreza a otros pobres, en un ejemplo de lo que Octavio Paz llamó el “Ogro Filantrópico”; ese Estado que no construye ciudadanos, sino perpetúa clientelas.

Millones de mexicanos educados para vivir con la mano extendida, parados en la cola, esperando la próxima dádiva del próximo político. Y por el contrario: En el país hay 41 mil depositantes, o sea el 0.25% del total, que poseen 635 mil millones pesos, lo que equivale al 68.33% de los saldos bancarios, y en la banda contraria, en 36 años el poder adquisitivo del salario mínimo acumuló una pérdida de 72.8 por ciento; es decir, el sueldo tiene ahora sólo una cuarta parte del valor de 1976, advirtió la Secretaría del Trabajo. De enero a julio de este año, aquel salario tuvo un avance de 2.6 por ciento, lo cual, sin embargo, no mejora de manera significativa el ingreso del trabajador, con ese nivel de percepciones.

Así pues estoy feliz de habitar en este nuevo país y este nuevo estado y esta nueva ciudad donde la libertad campea y en donde la barbarie es la regla.

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